lunes, 7 de septiembre de 2015

México ante la crisis humanitaria siria

La foto del pequeñito de 3 años Aylan Kurdi, inerte en las playas de Turquía después de huir junto con su familia de la tragedia siria, es una de las más impactantes y conmovedoras que ha visto el mundo en mucho tiempo. Remueve fibras, conmueve y entristece. Logró lo que no pudieron muchas voces, que clamaban porque la Europa de la ilustración y el racionalismo, la Europa cristiana, la del Estado de bienestar y el compromiso con los derechos humanos, estuviera a la altura de su papel histórico y asumiera una postura protagónica en la que ya es conocida como la mayor crisis de refugiados que ha conocido el mundo desde la Segunda Guerra Mundial.

No pocas voces criticaron que la Unión Europea hubiera logrado un acuerdo frente a la emergencia económica y de liquidez de Grecia, pero fuera incapaz siquiera de intentar un consenso en el caso de Siria. Un irresponsable desdén, comparado en actitud política, a la que Estados Unidos mostró frente al evitable genocidio de Ruanda, hace 21 años (1994).

EL DRAMA DE LOS SIRIOS EN HUNGRÍA (2015)

Tan sólo 48 horas después del triste desenlace de las playas turcas, Europa ha mostrado ambivalentes reacciones, aunque aún ningún esfuerzo en común. Por un lado, Hungría muestra la miserable posición de ser insensible con la tragedia ajena, a pesar de que sus ciudadanos sufrieron en carne propia el dolor en ambas guerras mundiales y después, bajo el férreo yugo soviético (con su episodio de 1956 incluido). Posición similar a la húngara tuvieron la República Checa y Eslovaquia. Por su parte, la generosidad de la Alemania de Merkel y de la Francia de Hollande demostraron porqué ambas naciones han sido siempre las líderes de Europa. Austria ha sido admirable en su solidaridad, y una tímida Gran Bretaña también ha abierto las puertas al exilio sirio. España incluso, víctima de la diáspora de los derrotados en 1939, ha sido congruente con su dolorosa experiencia.

Pero los países europeos no son los únicos obligados a demostrar solidaridad con los desamparados. México tuvo en el pasado no tan remoto una tradición de brazos abiertos al exilio de otros países. Esa postura nos dio prestigio en todo el mundo. Aquí recibimos con generosidad a la inmigración libanesa del primer tercio del siglo XX, e incluso al pueblo judío proveniente de Siria. No dudamos ni un instante en dar cobijo al exilio republicano español (1937-1940), al argentino que huía del Proceso de Reorganización Nacional (1976), al chileno de la dictadura de Pinochet (1973) y al centroamericano de las guerrillas marxistas en la década de los 80. Nunca reparamos en diferencias de origen nacional, político, religioso ni étnico. Todos las anteriores fueron rostros generosos, motivo de orgullo nacional. Y todos los inmigrantes que venían aquí buscando un hogar, fueron mayoritariamente benéficos para México. Nos trajeron su cultura, sus tradiciones, su trabajo y un enorme agradecimiento con la patria que los acogió. Lo atestigüé en el tiempo: en la Facultad de Derecho de la UNAM, recibimos a varios académicos españoles de esa época que se convirtieron en leyendas, como Luis Recasens Siches (quien por cierto fue sinodal en el examen profesional de mi abuelo en 1939), y Aurora Arnaiz Amigo, la primera mujer de mi Facultad nombrada profesora emérita de la Universidad. Incluso contamos con una aula bautizada como Maestros del Exilio Español, lo mismo que una placa conmemorativa a la entrada de la Facultad, en Ciudad Universitaria.

LA IMAGEN MÁS RECORDADA DEL EXILIO
ESPAÑOL EN MÉXICO: "LOS NIÑOS DE MORELIA" (1937)

¿Y en 2015? Hoy somos testigos en México de un gobierno federal que con el pretexto de atender escándalos domésticos, ha renunciado a su historia y a su magnificencia con los desvalidos del mundo. Tanto el presidente como la Secretaría de Gobernación que es la dependencia encargada de proteger la vida e acoger de quienes huyen de sus países en busca de asilo, a través del Instituto Nacional de Migración, han incurrido en el más inexplicable mutis. Eso a pesar de que contamos con una Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político, que fue incluso, modificada apenas el año pasado en su denominación y alcances. ¿Por qué el gobierno mexicano exhibe ahora esa ausencia de grandeza moral, ajena a nuestra tradición hospitalaria? ¿Qué problema habría con recibir a por lo menos 20,000 refugiados sirios y brindarles auxilio?  ¿No tenemos la tradición de no discriminar por etnia y religión? Si el tema es religioso ¿por qué habrían de tener menores derecho los musulmanes de Siria que los católicos meronitas libaneses, los católicos romanos españoles, argentinos y chilenos, y los judíos europeos o de Oriente Medio? Si ese no es el tema como estoy seguro que no lo es, y tampoco lo es el evitar posibles presiones de Estados Unidos ante el supuesto ingreso del extremismo islámico a través de México (argumento que no se sostiene), entonces no existe ningún pretexto para que el Estado mexicano deje de mostrar su compromiso con un derecho humano fundamental, como lo es el de brindar asilo a quienes ven peligrar sus vidas y bienestar en sus países de origen.

México ya se está tardando en anunciar públicamente su solidaridad con los hombres, mujeres y niños sirios que buscan una nueva patria que les dé una segunda oportunidad de vida. Si no lo hacen el presidente Peña Nieto, ni el Secretario Osorio Chong, entonces demostremos como pueblo que nuestra tradición y capacidad probada de ser solidarios está por encima de desidias frívolas, y de la arrogancia de suponer que nuestro propio pueblo está vacunado contra tragedias como la de Siria. Por lo pronto están ahí iniciativas mexicanas, como las que a través de change.org solicitan al gobierno federal tomar cartas en el asunto. Al momento de escribir estas líneas, ya son casi 142,000 mexicanos los que han firmado. Yo ya lo hice también. Les invito a hacerlo, y a estar a la altura de nuestra obligación como seres humanos. Aquí esta el link: http://www.change.org/p/que-m%C3%A9xico-reciba-10-000-refugiados-de-siria

La firma es lo menos que podemos hacer. Yo me reporto listo para ayudar en otras tareas. Es nuestra obligación humanitaria hacerlo.

OO00oo oo00OO


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.